El 11 de septiembre de 1973, mientras las bombas caían sobre el Palacio de la Moneda, el presidente de Chile, Salvador Allende, se dirigió al Salón Independencia, cerró la puerta, se sentó en un sofá, apoyó un fusil AK-47 en el mentón y se disparó.
Fue el último acto de rebeldía del político socialista frente al golpe de Estado que ese día encabezaron las Fuerzas Armadas de Chile. Documentos desclasificados han demostrado que EE.UU. intentó que Allende no asumiera como presidente y apoyó a los militares para que lo derrocaran, lo que dio paso a una larga y sangrienta dictadura que duró casi 17 años y que encabezó Augusto Pinochet.

Con su suicidio, Allende, un médico nacido en 1908, puso fin a una legendaria carrera política que ya lo había hecho quedar en los libros de historia, y que, de acuerdo con su biografía oficial publicada por el Congreso de Chile, comenzó en 1933, cuando participó en la fundación del Partido Socialista (PS) de Chile. Solo cuatro años después fue electo diputado. Luego sería ministro del Gobierno de Pedro Aguirre Cerda (1938-1941); secretario general del PS y senador, hasta que en 1952 se postuló por primera vez a la Presidencia.
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Aunque perdió la elección, su figura política siguió creciendo. A mediados de los años 50, Allende participó en la creación del Frente de Acción Popular (FRAP) que agrupó a los partidos de izquierda y que lo presentó como su candidato presidencial en 1958 y 1964. No triunfó, pero cada vez conseguía más votos. A fines de los 60, cuando ya era presidente del Senado, fundó junto con otros dirigentes la Unidad Popular (UP) que aglutinó a la izquierda y a los partidos de centro y que en 1970 lo postuló por cuarta ocasión a la presidencia.

Contra el intervencionismo
Ahora sí, Allende ganó. En plena época de la Guerra Fría, se transformó en el primer presidente marxista en llegar al poder amparado por los votos. Su principal objetivo era ejercer un Gobierno basado en el socialismo democrático, en la justicia social. Entre sus primeras medidas, nacionalizó el cobre, uno de los principales recursos naturales de Chile; expropió latifundios para repartir la tierra, promovió la redistribución de la riqueza y puso en marcha múltiples programas sociales en favor de las poblaciones vulnerables. También criticó de manera reiterada las políticas intervencionistas de EE.UU., restableció las relaciones de Chile con Cuba y las inauguró con China, Corea del Norte, Vietnam del Norte y Alemania Oriental.
Nada de ello le gustó a la oposición de derecha que era apoyada por el Gobierno del presidente de EE.UU., Richard Nixon, y su secretario de Estado, Henry Kissinger, y que aprovechó la crisis económica que enfrentó Chile en 1972 para fraguar el derrocamiento de uno de los defensores más importantes de la soberanía latinoamericana.
La crisis económica mutó en una crisis política e institucional que se tradujo en una primera sublevación militar el 29 de junio de 1973. Fue solo el antecedente del golpe de Estado definitivo que llegó el 11 de septiembre y que marcó el inicio de una dictadura que dejó un saldo de por lo menos 2.123 personas asesinadas y 1.093 desaparecidas, pero que no logró horadar el legado de grandeza de Allende.








