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Caretas, un fuerte y un taller: la sequía en la Amazonía deja al descubierto tesoros milenarios

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Los expertos reconocen el gran valor de estos hallazgos, pero al mismo tiempo advierten de las graves consecuencias que provoca en la población la mayor sequía de los últimos 121 años.
Caretas, un fuerte y un taller: la sequía en la Amazonía deja al descubierto tesoros milenarios

La grave sequía que sufre la Amazonía brasileña ha dejado al descubierto tesoros ocultos y preservados por el agua: rostros humanos –conocidos como "caretas"–, animales tallados en rocas y otros elementos de la naturaleza pertenecientes a los pueblos amazónicos y con una cronología estimada entre 1.000 y 2.000 años atrás.

No ha sido la primera vez que estas maravillas quedan expuestas en el yacimiento arqueológico de Ponto das Lajes, en Manaos, la capital del estado de Amazonas. Aparecieron hace 13 años durante la anterior gran sequía, cuando las oscuras aguas del Río Negro descendieron hasta los 13,63 metros.

El inmenso Río Negro alcanzó este año su nivel más bajo al situarse por debajo de los 13 metros. Entre las causas de la sequía, la peor en la historia de esta región amazónica, están factores climáticos como El Niño y la distribución del calor en el Océano Atlántico Norte.

Ponto das Lajes conserva también cavidades donde los indígenas se reunían para elaborar sus herramientas. El arqueólogo Carlos Augusto da Silva explicó al portal Amazonía Real que las medidas de las esferas de las rocas, de un 12 centímetros y que se pulían para trabajar, son consideradas pequeñas si se comparan con otras encontradas, por lo que se cree que fue un taller para enseñar a los niños a fabricar utensilios.

Otros hallazgos

El Instituto de Patrimonio Histórico Artístico y Nacional (Iphan) anunció esta semana el descubrimiento de nuevos sitios arqueológicos en el estado de Amazonas. Uno de ellos es es el Fuerte São Francisco Xavier, a orillas del río Solimões, en Tabatinga, cerca de la triple frontera con Perú y Colombia, y construido en el siglo XVIII.

El fuerte –considerado por los investigadores un hito en la consolidación de la frontera brasileña en la región norte– era la última parada de quienes iban hacia los Andes en la época colonial, especialmente de los que se dirigían al pueblo de San Pablo de Loreto, en Perú. 

Los expertos afirman que, en el siglo XX, el lugar resultó afectado por derrumbes y terminó sumergido. 

En la localidad de Anamã también aparecieron pedazos de urnas cerámicas funerarias de la época precolonial y en Urucará, a 260 kilómetros de Manaos, se hallaron grabados esculpidos en piedra. "Clasificados como precoloniales, los sitios representan la forma de vida de las personas que habitaron esa región en el pasado", indicó Iphan.   

Una polémica acción

Los hallazgos atrajeron la atención de muchos curiosos, pero la polémica llegó de la mano de un historiador que fue a visitar las "caretas" a Ponto das Lajes y sin autorización hizo unas pintadas.

"¿Pusieron tinta en los dibujos sabiendo que podían ser muy antiguos?", escribió un internauta en las redes sociales.

El investigador Otoni Mesquita salió en su propia defensa y pidió disculpas en un comunicado en el que explicó que usó arcilla natural en el procedimiento. "En ningún momento tuve la intención de atacar el trabajo, ni herir la memoria de nuestra ascendencia", comentó.

Mesquita comentó que su intención era hacer más visibles las figuras para tomar fotografías. "Al darme cuenta de que se trataba de una oportunidad única, busqué recursos técnicos para realizar el registro. Consciente de que se trataba de un procedimiento que no causaría riesgos ni daños", destacó.

Iphan alertó de que ese tipo de intervenciones en el lugar necesitan de autorización oficial y activó a los órganos de fiscalización para evitar daños. "Todos los bienes arqueológicos pertenecen a la Unión, y queda prohibido cualquier tipo de explotación económica de estos artefactos, así como su destrucción", señaló.

Por otro lado, Beatriz Evanovick, la superintendente del instituto en Amazonas, recordó que aunque no se puede "dejar de reconocer las oportunidades de investigación y valoración de la historia" que han supuesto estos hallazgos, también lamentó la "dura realidad" que supone para la población la mayor sequía de los últimos 121 años.

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