Federico tiene 39 años, vive en Victoria, en el municipio bonaerense de San Fernando, y va en silla de ruedas. Tiene una discapacidad motriz de nacimiento por una malformación en la columna.
Hace dos meses, comenzó a trabajar como repartidor de lunes a lunes durante once horas diarias. Es la única manera que ha encontrado de poder llegar a fin de mes y pagarse sus gastos, como ha contado a La Nación.
"Pensé que estaba loco", fue lo que se le pasó por la cabeza cuando un amigo, también en silla de ruedas, le contó que había comenzado a trabajar para una plataforma de entregas a domicilio.
Falta de ingresos
"Cuando voy a una entrevista laboral, piensan que no puedo hacer nada porque tengo una discapacidad", explica sobre su falta de un trabajo más estable, a pesar de llevar cuatro años repartiendo currículos para puestos que le interesan más, como los relacionados con la atención al cliente.
Vive con su madre, de 64 años, que trabaja cuidando niños y además se desempeña como conductora de Didi y Uber. "Económicamente dependo de mi mamá", confiesa.
"Antes de ver qué es realmente lo que puedo hacer y lo que no, ya tienen su opinión formada"
Federico arregla celulares en su casa, un emprendimiento reciente que no le deja mucha plata. Además, cobra una pensión por discapacidad de 345.000 pesos (247 dólares) y tiene una beca deportiva de 70.000 pesos (50 dólares) por jugar al básquet adaptado. Pero sus ingresos no alcanzan para llevar una vida independiente.
Búsqueda de trabajo infructuosa
Su búsqueda de empleo durante los últimos cuatro años no tuvo éxito. "Las entrevistas que tuve no duraron más de diez minutos. Antes de empezar, ya me habían descartado", cuenta, y reflexiona sobre los prejuicios que sufre: "Apenas me ven, piensan que no voy a poder hacer el trabajo porque uso silla de ruedas. Antes de ver qué es realmente lo que puedo hacer y lo que no, ya tienen su opinión formada".
De hecho, en ocasiones, a la hora de entregar un CV ya sabe que ni siquiera lo llamarán para una entrevista. "Lo veo en las actitudes, en los gestos de la cara. No me consideran seriamente porque ven que estoy en silla de ruedas", lamenta.
"No quiero estar todo el día en mi casa mirando la tele. El trabajo me da la posibilidad de relacionarme con la gente, de compartir, de estar en sociedad"
En ese contexto llegó la inspiración de su amigo Leo. Se conocieron hace más de diez años jugando al baloncesto adaptado, un tiempo en el que han compartido varios equipos y llegaron a formar parte de la selección sub-22 que viajó al Mundial de Inglaterra en 2005.
Fue cuando Leo comenzó a repartir cuando Federico empezó a darle vueltas a la idea. Los dos utilizan ahora una 'handbike', un accesorio para la silla de ruedas que tiene un motor eléctrico y facilita la movilidad. También llevan un casco y cargan en su espalda la mochila de repartidor.
Federico tuvo que pedir prestado a su madre para poder comprarla, porque para él es una herramienta imprescindible para poder desempeñar su actual trabajo. "Hace un par de meses, no tenía nada para aportar, ahora al menos le puedo dar a mi mamá una moneda y colaborar. Me hace sentir un poco mejor", relata.
Su nueva ocupación también le reporta alegrías. Mucha gente le felicita por lo que hace, otros muchos le saludan por la calle. De hecho, el trato con la gente es lo que le gusta del trabajo de repartidor: "Con mi emprendimiento, paso mucho tiempo en casa: me interesan mucho los celulares y las computadoras, pero me aíslo bastante. Ahora al menos veo gente todos los días", dice.
Sin embargo, para él el mundo laboral no es ni mucho menos nuevo. Trabaja desde los 15 años. Ha repartido volantes en la calle, fue vendedor ambulante en un tren, atendió durante años una verdulería y trabajó como guardia en una empresa de seguridad, el único trabajo que ha tenido en blanco en toda su vida.
Mientras, Federico sueña con un trabajo estable y un sueldo más holgado que le permita pequeños lujos como irse de vacaciones. "No quiero estar todo el día en mi casa mirando la tele. El trabajo me da la posibilidad de relacionarme con la gente, de compartir, de estar en sociedad. Eso quiero", concluye.