Tener pulsaciones en reposo muy elevadas o muy reducidas se asocia a una mayor probabilidad de sufrir un accidente cerebrovascular, según una nueva investigación, presentada en la Conferencia de la Organización Europea de Accidentes Cerebrovasculares (ESOC), recoge News Medical.
El Biobanco del Reino Unido, con el objetivo de refutar la idea de que una frecuencia cardíaca baja equivale automáticamente a una buena salud cardiovascular carente de riesgos, monitoreó durante aproximadamente 14 años a 460.000 participantes, período en el que se registraron 12.290 casos de ictus.
Los resultados concluyeron una relación en forma de 'U' entre la frecuencia cardíaca y el riesgo de dicha emergencia médica, siendo el nivel más seguro entre 60 y 69 latidos por minuto. Por su parte, las frecuencias cardíacas extremas aumentaron el peligro: un 25 % más en personas con menos de 50 lpm y un 45 % más en aquellas con 90 o más.
Frecuencias altas: mayor riesgo de los dos tipos de ictus
A pesar de que la relación se mantuvo al ajustar factores como la edad, el sexo, la diabetes, la hipertensión y la fibrilación auricular, una arritmia causante de infartos cerebrales, un análisis separado demostró que esto aplicaba sobre todo a personas sin fibrilación auricular, para quienes la frecuencia cardíaca funcionaría como un marcador de riesgo extra.
Asimismo, los investigadores encontraron que las pulsaciones muy bajas se relacionan más con el accidente cerebrovascular isquémico, que podría suceder por disminuir el flujo sanguíneo al cerebro durante la pausa entre latidos.
Por otro lado, las frecuencias cardíacas altas se vincularon a ambos tipos de ictus, isquémico y hemorrágico, lo que sugiere que un mayor estrés en los vasos sanguíneos aumenta el riesgo de lesiones y sangrado.
Un avance que requiere más indagación
"La frecuencia cardíaca en reposo es una medida sencilla y ampliamente disponible que merece mayor atención en la evaluación del riesgo cardiovascular, especialmente en personas sin fibrilación auricular", declaró el profesor Alastair Webb, coautor del estudio.
Sin embargo, consideró que "se necesita más investigación para comprender por qué tanto las frecuencias cardíacas bajas como las altas pueden estar asociadas a un mayor riesgo de ictus y qué implicaciones puede tener esto para el tratamiento".
"Las frecuencias cardíacas muy bajas o muy altas deberían servir como señal para que los médicos analicen con mayor detenimiento el riesgo cardiovascular general de cada individuo y tomen medidas para reforzar los cambios en el estilo de vida y las estrategias de prevención estándar", añadió el experto.