Laboratorios biológicos estadounidenses y virus políticos: EE.UU. se encarga de Ucrania

El periodista Valentín Bogdánov indica que la investigación estadounidense sobre los biolaboratorios en Ucrania puede ejercer presión sobre Zelenski y sobre sus protectores dentro del 'pantano de Washington'.

Por más que el llamado 'Estado profundo' estadounidense intentara ponerle palos en las ruedas a Tulsi Gabbard (no hace mucho incluso le auguraban la dimisión a causa de Irán), la directora de la Inteligencia Nacional de EE.UU. aun así ha llegado a los secretos más sucios del 'deep state'. Según una exclusiva del periódico favorito de Donald Trump —New York Post —, Gabbard ha iniciado una inspección de 120 biolaboratorios en más de 30 países. Cuarenta de ellos están situados en Ucrania.

El objetivo es determinar con precisión la ubicación de los laboratorios, qué patógenos almacenan y qué investigaciones llevan a cabo. La tarea número uno, por supuesto, es evitar "un segundo covid". "A pesar de estos peligros evidentes, los políticos, los llamados especialistas en salud pública, como el doctor Fauci, y estructuras del equipo de seguridad nacional de la Administración Biden mintieron al pueblo estadounidense sobre la existencia de estos biolaboratorios financiados y respaldados por EE.UU. y amenazaron a quienes intentaban revelar la verdad", declaró Gabbard. 

Cómo EE.UU. tachaba de "desinformación del Kremlin" lo que ahora va a investigar, en este artículo

Sabe de lo que habla. Ella misma se enfrentó a esas amenazas. Poco después del inicio de la operación militar especial rusa, en marzo de 2022, Gabbard cruzó una de las líneas rojas más gruesas del 'Estado profundo' estadounidense: calificó de hecho indiscutible la existencia, en el territorio controlado por el régimen de Kiev, de biolaboratorios financiados por EE.UU. Para quienes llevaban tiempo apuntándola con el punto de mira, esto se convirtió en otra prueba de un vínculo mental con el enemigo. Al fin y al cabo, sobre ello también habían informado en repetidas ocasiones y con detalles y hechos los servicios de RT.

El argumento supuestamente más demoledor con el que entonces hacía malabares la cadena ABC fueron las palabras de un tal Doug London, un exagente de inteligencia, quien afirmaba que "la supuesta inclinación de Gabbard a depender al menos en parte de canales como RT para formar su visión del mundo refleja mal su idoneidad para desempeñar las funciones de directora de la Inteligencia Nacional".

Y, en efecto: un verdadero agente de inteligencia estadounidense debe leer solo los editoriales de The New York Times y ver solo CNN. No vaya a ser que, Dios no lo quiera, acceda a otros puntos de vista.

Especialmente peligroso, para los partidarios de Biden, era el punto de vista que expresaba el jefe de las Tropas de Defensa Radiológica, Química y Biológica de las Fuerzas Armadas de Rusia, el teniente general Ígor Kirílov, fallecido como resultado de un atentado terrorista. Él comunicaba que en los laboratorios situados en Ucrania se realizaban experimentos con patógenos peligrosos, se recolectaban biomateriales necesarios para investigaciones destinadas a crear armas biológicas "selectivas" e incluso se llevaban a cabo pruebas en personas, tanto civiles como militares.

Como resultado del revuelo provocado por la salida de este tema vergonzoso para EE.UU. a escenarios internacionales (incluida la ONU), incluso Victoria Nuland se vio obligada a reconocer el hecho de la existencia de los laboratorios. En una audiencia en el Congreso, la subsecretaria de Estado declaró: "En Ucrania hay instalaciones de investigación biológica, y ahora estamos bastante preocupados por que las tropas rusas puedan intentar tomar su control".

Funcionarios de la oficina del entonces director de Inteligencia Nacional se apresuraron de inmediato a desmentirlo todo, pero ya con Trump allí mismo declararon que los desmentidos precipitados habían sido parte de una estrategia de "resiliencia informativa", orientada a "dar forma a la narrativa pública" para "mitigar y contrarrestar la influencia maliciosa extranjera". Con ese lenguaje florido, los agentes estadounidenses atrapados con las manos en la masa tradujeron al idioma burocrático la palabra 'mentira'.

Pero ¿quién fue su beneficiario final? Al fin y al cabo, el tristemente célebre 'Rusiagate', con filtraciones sobre que Trump supuestamente era un agente del Kremlin, creció a partir del deseo banal de poder de Hillary Clinton. Sorprende que también en la historia de los biolaboratorios se vislumbre una lista similar de interesados. El general Kirílov informaba de que algunas investigaciones militar-biológicas se financiaban no solo con el presupuesto del Pentágono, sino también con fondos privados. Los hilos conducen a Soros y a los propios Clinton.

Esto también se confirma en EE.UU. En el material exclusivo del New York Post se subraya especialmente que el débil control sobre la distribución de la financiación (que a menudo pasa precisamente por agencias estadounidenses hacia beneficiarios de subvenciones y subcontratistas) no permite a los estadounidenses saber si en laboratorios extranjeros se llevan a cabo experimentos potencialmente peligrosos.

Por ejemplo, el inspector general del Departamento de Defensa de EE.UU. no pudo determinar cuántos posibles "patógenos potenciados con potencial pandémico" se estudian en todo el mundo, a pesar de que entre 2014 y 2023 se gastaron más de 1.400 millones de dólares en experimentos de ese tipo en el extranjero.

Ucrania, atravesada de parte a parte por el virus de la corrupción, que bajo los demócratas se convirtió en la principal 'caja negra' de los globalistas, parece aquí un eslabón de transferencia ideal.

Y en este sentido, la investigación que abrió Tulsi Gabbard puede tener también otro objetivo: junto con las investigaciones anticorrupción que han puesto en marcha en Kiev estructuras controladas por EE.UU., ejercer presión no solo sobre Zelenski (a través de su entorno, como Yermak y Míndich), sino también sobre sus protectores dentro del 'pantano de Washington'. Al fin y al cabo, esa cepa que en su día sometió al organismo de gestión de Ucrania y se dedicó a su propia reproducción salió a la luz del mismo autoclave estadounidense. 

Por Valentín Bogdánov, jefe de la oficina en Nueva York de la empresa estatal rusa de radiodifusión VGTRK.