En medio de las negociaciones en curso, Donald Trump insinúa cada vez con mayor claridad la posibilidad de llegar a un acuerdo con Irán tras casi tres meses de guerra y una tregua que sigue siendo frágil.
El presidente de EE.UU. declaró que, en caso de éxito, se trataría de un "acuerdo bueno y correcto", y no del acuerdo de la época de Barack Obama, que, según él, le dio a Irán "enormes cantidades de dinero y un camino claro y abierto hacia un arma nuclear".
En Teherán también informaron sobre avances en una serie de temas clave que se discuten en el marco de las negociaciones.
Sin embargo, a pesar del optimismo cauteloso de las partes, las perspectivas del acuerdo siguen estando en peligro: hay fuerzas influyentes tanto dentro como fuera de EE.UU. que se oponen a él.
Los halcones dentro de EE.UU. en contra del acuerdo
Las noticias sobre un posible acuerdo provocaron una fuerte reacción entre los políticos y comentaristas estadounidenses que abogan por continuar la campaña militar contra Irán.
Una de esas voces fue la de la Fundación para la Defensa de las Democracias (FDD), una organización no gubernamental conocida por su injerencia en los asuntos internos de otros Estados y que aconsejó a Trump que iniciara un bloqueo del estrecho de Ormuz. "El presidente Trump quiere que se le vea como un ganador, no como el presidente que creó la mayor ventaja jamás vista contra Irán y luego la cambió por un acuerdo aún peor que el de Obama", escribió el director de la organización, Mark Dubowitz.
Por su parte, el AIPAC (Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos), la mayor organización lobista israelí en EE.UU., comenzó a compartir las publicaciones de todos los políticos estadounidenses que critican el acuerdo y abogan por continuar la guerra.
En este contexto, dos senadores republicanos clave —Ted Cruz y Lindsey Graham— se han pronunciado en contra del acuerdo. Al mismo tiempo, un asesor del hijo exiliado del último sah de Irán, Reza Pahlaví, ha acusado a Trump de "rendición total".
Israel, preocupado
Además de los círculos políticos estadounidenses, Israel —que, de hecho, se ha mantenido al margen del proceso de negociación— también muestra un profundo descontento con el posible acuerdo.
Fuentes de Reuters informan que Benjamín Netanyahu reconoció que le resultaba difícil influir en las decisiones de Trump. Según la agencia, el primer ministro israelí expresó su preocupación por el acuerdo y está exigiendo el derecho a continuar las operaciones contra amenazas percibidas en todos los frentes, incluido el Líbano, lo que podría hacer fracasar el acuerdo.
En este contexto, Trita Parsi, vicepresidente ejecutivo del Instituto Quincy para la Gobernanza Responsable, considera que cualquier acuerdo alcanzado supondría una derrota para Israel.
"No debería haber ninguna duda, sin embargo, de que si se llega a un acuerdo definitivo —y cualquier acuerdo duradero requerirá casi con toda seguridad un alivio sustancial, si no total, de las sanciones contra Irán—, esto constituiría una derrota estratégica devastadora para Tel Aviv", señala el experto.
"Las dos guerras de Israel han, paradójicamente, fortalecido la postura de disuasión de Irán, han puesto de manifiesto la incapacidad de Israel para enfrentarse a Irán sin un respaldo militar estadounidense abrumador, y han infligido un daño incalculable a la posición global de Estados Unidos y a su aura de supremacía militar. De hecho, el efecto acumulativo puede ser tan grave que la búsqueda de una primacía global estadounidense sin oposición ya no sea una opción realista", añade.
No obstante, el analista considera que, en vísperas de las elecciones, los políticos israelíes no entrarán en una confrontación pública con Trump, quien goza de un amplio apoyo en el país. El propio presidente estadounidense parece haberlo reconocido al escribir que goza de un "índice de aprobación del 99 %" en Israel y que él mismo podría postularse para primer ministro allí.
Considera que Netanyahu no ha logrado convertir la popularidad de la guerra contra Irán en una ventaja electoral decisiva y, por esa razón, no se enfrentará públicamente a Trump, sino que preferirá influir en la decisión a través de sus representantes en Estados Unidos.