El primer ministro de Bulgaria, Rumen Radev, ha lanzado una advertencia contundente a Bruselas: su país ejercerá su derecho a veto sobre el 21.° paquete de sanciones europeas contra Rusia, a menos que se introduzcan cambios significativos en su contenido, informan medios locales.
Las razones principales, según explicó, son el posible impacto negativo sobre la economía búlgara y el desacuerdo con las sanciones impuestas al patriarca Kiril de la Iglesia ortodoxa rusa. El lunes, la UE amplió su lista de restricciones añadiendo a 34 personas y 47 entidades vinculadas con el complejo militar-industrial ruso, su flota de petroleros y gaseros, así como a individuos involucrados en actividades políticas.
Entre los sancionados figura el obispo de la Iglesia ortodoxa rusa. Radev, conocido por su postura euroescéptica, se dirigió a los periodistas antes de una reunión del Consejo Europeo en Bruselas. El primer ministro denunció el riesgo para el funcionamiento de Lukoil, la compañía petrolera rusa que opera la única refinería del país, en Burgas, y que es uno de los mayores distribuidores de combustible para motores en Bulgaria.
"Queremos que sea excluida de la lista", dijo, citado por Reuters. "No permitiremos sanciones que perjudiquen y pongan en riesgo la economía búlgara, las operaciones de Lukoil, el metro de Sofía y el suministro de fertilizantes a Bulgaria y la UE", añadió.
"Todos estos asuntos deberán resolverse en los órganos de decisión de la UE", afirmó Radev, que cuestionó abiertamente la utilidad de las sanciones impuestas hasta ahora.
"¿De qué forma han contribuido a la paz?", preguntó. El primer ministro búlgaro también expresó su rechazo a las sanciones contra representantes de la Iglesia ortodoxa rusa. El conflicto "ya ha superado las trincheras; se extiende más allá de la economía y la energía, podemos ver su impacto en la cultura y el deporte, y ahora solo falta que involucre también la religión", manifestó. "No mezclemos política con religión", instó. "La Iglesia ortodoxa rusa contribuyó a nuestra liberación de cinco siglos de dominio otomano. Me preocupa la sociedad rusa en su conjunto y su Iglesia, que es ortodoxa oriental, como la nuestra. Somos una sola familia", concluyó el jefe de Gobierno.