Cuando menos es más: este nutriente podría acortar la vida

Sin embargo, algunas personas necesitan consumirlo en mayores cantidades.

Cada vez más datos cuestionan la idea de que un mayor consumo de proteínas sea beneficioso. Una revisión de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU.) publicada recientemente en Cell Press Blue señala que reducir su presencia en la dieta mejora la salud metabólica y prolonga la vida en levaduras, moscas y roedores.

Estudios observacionales relacionan las dietas ricas en proteínas con un mayor riesgo de diabetes, cáncer y mortalidad, incluida por causas cardiovasculares. Al mismo tiempo, una ingesta elevada favorece el crecimiento muscular, especialmente junto con ejercicios de resistencia, y suele recomendarse a los mayores para combatir la sarcopenia, la pérdida de masa muscular asociada con la edad.

A veces menos es más

Aunque una ingesta elevada de proteínas puede ser beneficiosa para algunas personas, varios ensayos indican que reducir su consumo puede mejorar determinados indicadores metabólicos. Estos efectos no se observaron solo en animales. Durante 43 días, una dieta baja en proteínas redujo el peso, la grasa corporal y la glucosa en ayunas de los participantes, aunque consumieron más calorías. Otra intervención de cinco semanas mejoró la sensibilidad a la insulina y aumentó el gasto energético en hombres delgados. En personas con síndrome metabólico, 27 días de restricción proteica redujeron la grasa, la glucosa, los lípidos y la inflamación, además de mejorar la sensibilidad a la insulina.

¿Cómo se explica? La restricción proteica eleva los niveles de FGF21, una hormona que regula el metabolismo, e inhibe mTORC1, un mecanismo que, cuando permanece demasiado activo con la edad, puede alterar el funcionamiento de las células. En roedores, limitar aminoácidos como la metionina, la isoleucina o la valina reprodujo varios de estos beneficios y prolongó la vida.

Sin embargo, no existe una cantidad óptima para todos. Restringir las proteínas podría ser perjudicial para las embarazadas, los niños en fase de crecimiento, las personas que consumen pocas calorías o se recuperan de lesiones. Muchos adultos mayores ya presentan una deficiencia de proteínas. Además, quienes hacen ejercicio pueden necesitar más proteínas.