Brasil vive este lunes una Jornada Nacional de Lucha contra la escala 6x1 —el régimen que obliga a millones de trabajadores a cumplir seis días de labor por uno solo de descanso—, convocada por centrales sindicales tras un plenario virtual nacional.
La movilización, con actos callejeros en distintos estados y capitales, se extenderá hasta el 14 de agosto e incluye reparto de volantes en fábricas, estaciones de metro y terminales de transporte, además de presión directa sobre senadores mediante reuniones y campañas en redes.
El detonante es la Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC) 221/19, que busca terminar con la escala 6x1, garantizar dos días de descanso semanal y reducir la jornada laboral de 44 a 40 horas, sin recorte salarial.
La Cámara de Diputados la aprobó en mayo en segunda vuelta, con 461 votos a favor y 19 en contra, un respaldo casi unánime que contrasta con la lentitud posterior en el Senado, donde la propuesta espera turno en la Comisión de Constitución y Justicia.
De aprobarse, la reforma beneficiaría a más de 37 millones de trabajadores brasileños, según estimaciones sindicales: el grueso de la fuerza laboral en comercio, servicios y salud, sectores donde la escala 6x1 es más común y la informalidad dificulta el reclamo individual de derechos.
La fuerza laboral de Brasil destaca que si bien el país es una potencia económica regional, una parte significativa de los trabajadores sostiene ese crecimiento con jornadas que dejan un solo día libre a la semana.
Movilizaciones previas en mayo, en Sao Paulo, ya habían vinculado el reclamo laboral con la agenda de género, sumando consignas contra el feminicidio a la exigencia de descanso.
El Senado no tiene fecha fija para votar la PEC, lo que mantiene la presión sindical como principal herramienta para acelerar el trámite antes de que la discusión pierda impulso en la agenda legislativa. La jornada de inicio de las protestas coincide con el día en que los diputados regresan de su receso parlamentario.



