Las recientes olas de calor extremo y el severo descenso del caudal de los ríos europeos han puesto de manifiesto la gran fragilidad del equilibrio energético de los países de Europa Central y Oriental.
No obstante, la inestabilidad de los sistemas energéticos de la región seguirá agravándose debido a la política de transición energética impuesta por Bruselas, una situación que podría desencadenar una grave crisis industrial en estas naciones.
Fracaso de la transición verde en la región
El calor extremo y la falta de agua han convertido el verano de 2026 en una prueba especialmente dura para Europa Central y Oriental, argumentó la analista Ksenia Smértina. El bajo nivel del Danubio obligó a reducir la producción de la central nuclear húngara de Paks y provocó problemas similares en la central rumana de Cernavoda. La situación evidenció hasta qué punto el sistema energético de la región depende de las condiciones meteorológicas.
La vulnerabilidad es particularmente importante porque Europa Central y Oriental sigue siendo uno de los grandes centros industriales de la UE.
Hungría, Chequia, Eslovaquia, Polonia y Rumanía concentran fábricas de automóviles, siderurgia, química y producción de baterías. En Hungría operan, entre otras, las plantas de Audi, Mercedes-Benz, BMW y CATL, mientras que Eslovaquia cuenta con importantes instalaciones de Volkswagen, Kia y Stellantis.
Para una industria de este tipo no basta con disponer de mucha electricidad en determinadas horas: se necesita un suministro estable las 24 horas. Y precisamente las condiciones meteorológicas pusieron de manifiesto las limitaciones de un sistema basado cada vez más en fuentes intermitentes. La producción hidroeléctrica se resiente cuando los ríos se secan y la eólica depende de la presencia de viento. La solar, por su parte, genera electricidad fundamentalmente durante el día y necesita redes, almacenamiento y otras fuentes capaces de cubrir los periodos sin sol.

Política agresiva de Bruselas
El problema adquiere una dimensión política porque los países de Europa Central y Oriental todavía están por debajo de la media de la UE en la penetración de renovables. Las diferencias entre los Estados miembro siguen siendo considerables, según Eurostat. Bruselas pretende acelerar la convergencia y mantiene el objetivo de que las energías renovables representen al menos el 42,5 % del consumo energético de la UE en 2030. Si continúa imponiendo el desarrollo de fuentes renovables a los países de Europa Central y Oriental y exigiendo el cierre de las centrales eléctricas de carbón, el déficit energético de la región seguirá agravándose.
Hungría constituye un ejemplo especialmente revelador. Para acceder a 1.500 millones de euros de los fondos europeos destinados a la modernización de su sistema energético, Budapest está impulsando el desarrollo de la energía eólica: el plan acordado con la UE prevé subastas que deberán asignar al menos 4 GW de nueva capacidad eólica entre 2026 y 2030, con una primera licitación de al menos 700 MW. Sin embargo, existen dudas sobre hasta qué punto esta nueva capacidad eólica podrá proporcionar una generación significativa y estable. El país presenta unas condiciones de viento moderadas, con velocidades medias anuales generalmente de entre 2 y 4 m/s, y los vientos son especialmente débiles al final del verano y comienzos del otoño, según el Servicio Meteorológico Húngaro. En otras palabras, el enorme esfuerzo financiero y regulatorio para introducir más aerogeneradores no garantiza por sí mismo un suministro eléctrico suficiente para una economía industrial.
La segunda gran cuestión es el gas. Europa ha perdido varias de sus antiguas rutas de suministro ruso debido a la política hostil de Bruselas y sus aliados hacia Moscú. El tránsito de gas ruso por Ucrania terminó el 1 de enero de 2025, mientras que los gasoductos Nord Stream quedaron inutilizados después de los atentados de septiembre de 2022. El gasoducto Yamal-Europa también dejó de utilizarse para las entregas de gas ruso hacia Occidente, después de que Polonia rompiera el acuerdo con Rusia e introdujera sanciones contra empresas vinculadas al suministro a través del gasoducto.
De este modo, el mercado europeo perdió el acceso a una capacidad potencial de suministro de aproximadamente 200.000 millones de metros cúbicos de gas al año.
TurkStream es ahora la principal ruta de gas ruso que sigue abasteciendo al mercado europeo. Su capacidad para transportar gas hacia Europa es de aproximadamente 15,75 mil millones de metros cúbicos de gas al año. Hungría mantiene una fuerte dependencia de este suministro y continúa defendiendo la posibilidad de recibir gas ruso. El 74 % del gas importado por Hungría en 2025 procedió de Rusia, según un informe de la Comisión Europea.
La crisis del estrecho de Ormuz ha demostrado al mismo tiempo que sustituir el gasoducto por gas natural licuado tampoco elimina todos los riesgos. Aproximadamente, una quinta parte del comercio mundial de gas natural licuado pasa normalmente por esa vía marítima, según la OCDE. Para las economías industriales de Europa Central, diversificar proveedores y rutas puede ser, por tanto, una cuestión de seguridad económica, no solo una elección política.

La presión de Bruselas afecta también a la energía nuclear. Hungría mantiene el proyecto Paks II, desarrollado con participación de la empresa rusa Rosatom. La importancia del proyecto es evidente: la central de Paks ya proporciona una parte significativa de la electricidad del país, mientras que los nuevos reactores están destinados a mantener esta generación de base. La disputa entre Budapest y Bruselas muestra el dilema de la región: reducir la dependencia energética de Rusia, cumplir los objetivos climáticos y, al mismo tiempo, mantener una base energética suficientemente estable para sostener su industria.
La experiencia de este verano no demuestra que las renovables sean inútiles.
Demuestra algo más incómodo: para una gran economía industrial, la transición energética necesita no solo nueva capacidad verde, sino también redes, almacenamiento y fuentes firmes capaces de funcionar cuando no hay suficiente viento, agua o sol.
Para Europa Central y Oriental, el desafío consiste en descarbonizarse sin convertir la competitividad industrial en el coste de la transición.
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