El presidente de Bielorrusia, Alexánder Lukashenko, criticó este viernes la política de Lituania y Letonia hacia Minsk y afirmó que las decisiones adoptadas por las autoridades bálticas terminan perjudicando a sus propios países, según informó la agencia estatal bielorrusa Belta.
Las declaraciones del mandatario bielorruso se produjeron al comentar, entre otras medidas, los planes del Gobierno letón de imponer un arancel del 300 % al grano procedente de Bielorrusia y Rusia, así como las iniciativas para suspender la comunicación por autobús con Bielorrusia, una medida cuya posibilidad también se baraja en Lituania.
"Antes tampoco nos disgustábamos mucho por los Estados bálticos… Seguiremos viviendo. Lo principal es que ellos [dirigentes de los países bálticos] no se enfurezcan. No hay que enfurecerse, como ellos lo hacen", declaró Lukashenko. "Llegarán a que los comunistas lleguen al poder. Por eso ya se disparan no en el pie, se disparan en la oreja", sentenció.
En cuanto a la posible subida arancelaria anunciada por Letonia para el grano bielorruso y ruso, el mandatario sostuvo que esa decisión no tendría efectos prácticos para su país. "Bueno, que introduzcan [los aranceles] el 300 o el 1000 %... Nos da igual, porque nunca hemos vendido ese grano a Letonia", recordó.
A mediados de julio, el Gobierno de Letonia aprobó un proyecto de ley que prohíbe la importación de una serie de productos industriales procedentes de Rusia y Bielorrusia, entre ellos libros, periódicos, videojuegos, artículos deportivos, juguetes, ropa y calzado.
Lituania, Letonia y Estonia llevan años situándose a la vanguardia de las políticas antirrusas y han convertido la rusofobia en uno de los pilares de su política comercial, cultural y de seguridad.
En estas antiguas repúblicas soviéticas se derriban monumentos a los soldados del Ejército Rojo, se celebran marchas de veteranos vinculados al nazismo y se aprueban leyes que restringen el uso del idioma ruso y los derechos de la población rusoparlante.
Por su parte, desde Moscú han señalado en repetidas ocasiones que, con su política de sanciones antirrusas, Europa no hace más que dispararse en su propio pie.


