¿Batalla contra el 'wokismo'? La cruzada de censura que desata protestas en Colombia

El presidente Abelardo de la Espriella asevera que el 'enemigo' se encuentra "en todos los ámbitos de la sociedad", por lo que su Gobierno lo enfrentará de manera "abierta y frontal".

Una nueva batalla se anuncia en Colombia, un país atravesado por un conflicto interno desde hace décadas. En esta oportunidad, la "lucha frontal y abierta" no es contra los grupos armados ni el narcotráfico; es contra el 'wokismo', el 'enemigo N°1' de la Administración de Abelardo de la Espriella.

El adversario, según ha explicado el mandatario, está diluido "en todos los ámbitos de la sociedad", por lo que detectarlo y eliminarlo pareciera ser una labor exclusiva del Ejecutivo, que le ha puesto un lenguaje militar a su enfrentamiento contra el progresismo, que hasta ahora había sido electoral.

El campo de combate está lejos de las intrincadas zonas rurales donde las estructuras armadas operan y se ha instalado en el corazón de Bogotá, en el Museo Nacional, que el pasado fin de semana fue el epicentro de protestas en contra de la orden presidencial de retirar las obras que fueran consideradas como "apología al terrorismo". 

El cambio de nombre de un ministerio

Todo comenzó con un cambio de nombre. Durante el mandato de Gustavo Petro, el Ministerio de Cultura pasó a llamarse Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, como una forma de darle una visión plural y diversa a la actividad cultural en el país, según una propuesta de ley aprobada por el Parlamento. 

Para De la Espriella, esa denominación es una "perversidad" que buscaba "convertir la cultura en mecanismo de adoctrinamiento" por lo que instó a su ministra Paola Holguín a ser una "generala para dar la contrarrevolución" y cambiar la denominación anterior por la de Ministerio de Cultura y Patrimonio.

"La incorporación de la palabra patrimonio es un golpe al 'wokismo' y a la ideologización de la cultura", dijo el mandatario.

El 'wokismo', según De la Espriella

El presidente colombiano considera que uno de los principales problemas que afronta el país ha sido la supuesta influencia de la "extrema izquierda". Conforme a su visión, esta "lleva décadas permeando todos los ámbitos de la sociedad, particularmente los culturales y académicos".

Por ello, llama a "evitar que los espacios culturales sean captados por el 'socialcomunismo' ateo y enemigo de los valores fundamentales". A este nuevo frente de batalla lo ha denominado "la contrarrevolución cultural".

"Vamos a cometer una lucha abierta, decidida y patriótica contra el 'wokismo', que es una corriente ideológica que apunta a transformar los fundamentos morales, culturales y sociales en Occidente pervirtiendo los valores, la tradición familiar, la identidad nacional".

Con esta proclama, De la Espriella se ha alineado con la derecha global y con la visión 'antiwoke' de presidentes como el estadounidense Donald Trump, que se muestra en desacuerdo con el "colectivismo" y las ideas de izquierda. 

"El 'wokismo' desconoce las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, falsifica la historia. Esta corriente liberticida impone sus postulados a través de la educación, el lenguaje inclusivo. El Gobierno asume una lucha abierta y frontal contra el 'wokismo'", agregó el mandatario colombiano.

Y es que su repulsa es tal, que catalogó al 'wokismo' como "uno de los grandes cánceres que amenaza la unidad nacional y a la sociedad".

Las obras retiradas de los museos

La primera arremetida en esa "batalla contrarrevolucionaria" fue la orden de retirar las obras de arte del Museo Nacional y de lugares públicos que exalten el terrorismo, sin dar más detalle. Esto generó una serie de concentraciones en los alrededores del espacio cultural, además de una solicitud de explicación de los fundamentos en los que se basó la decisión por parte de la Defensoría del Pueblo.

Según el conteo de Esfera Pública, 44 piezas fueron desmontadas del museo, aunque no existe un inventario oficial. Esa orden, que se cumplió de inmediato, generó la decisión de un tribunal que ordenó que las obras sean conservadas y que prohibió que sean destruidas o trasladadas, según Caracol. 

En un inventario de los cuadros que fueron retirados aparecen obras realizadas décadas atrás, mucho antes de que triunfara en Colombia el primer Gobierno progresista. En las imágenes se abordan temas como el conflicto armado, la política, los derechos LGBT*, la violencia contra la mujer, la guerrilla, el paramilitarismo, la Constitución de 1991, la desigualdad social, el magnicidio, los procesos de paz, entre otros.

Al respecto, una carta abierta de la curadora e historiadora del arte María Willis dice lo siguiente: "Mostrar esas historias no significa imponer una posición única. Significa reconocer que muchos de los derechos que hoy consideramos fundamentales fueron conquistados mediante luchas, resistencias y debates que merecen ser documentados y discutidos".

Los plantones, que fueron reprimidos por la Policía, se hicieron en los alrededores del Museo Nacional donde decenas de personas se concentraron para rechazar el retiro de las obras de artes y la estigmatización.

Uno de los visitantes del espacio expositivo, durante una entrevista que circula en las redes, aseveró que el retiro de las piezas era una "afrenta a la memoria del país" y a todo lo construido durante siglos.

*El movimiento internacional LGBT está calificado como organización extremista en el territorio de Rusia y prohibido en el país.