Los candidatos presidenciales de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, se enfrentaron el 18 de octubre en el primer debate de la segunda vuelta en São Paulo.
La noche estuvo marcada por acusaciones de corrupción y discusiones sobre seguridad pública, soberanía nacional y relaciones con Estados Unidos. A una semana del balotaje, previsto para el 25 de octubre, la pregunta es si un debate como este puede alterar el escenario de la ajustada disputa de la primera vuelta que se realizó el pasado 4 de octubre, en la que Bolsonaro obtuvo el 47,03 % de los votos válidos y Lula, el 45,16 %, la menor diferencia entre los dos primeros candidatos desde el retorno a la democracia en el país (1985).
Para Hilton Cesario Fernandes, politólogo y profesor de la Fundación Escuela de Sociología y Política de São Paulo (FESPSP), las cifras solo experimentarían cambios relevantes si hubiera "un cambio de voto entre los electores".
Ataques cruzados, convicciones reforzadas
El tono del debate pasado se caracterizó por acusaciones y enfrentamientos directos. Ya en el primer bloque, el presidente preguntó a Flávio por los 134 millones de reales que el senador supuestamente habría solicitado al banquero Daniel Vorcaro para financiar 'Dark Horse', una película sobre su padre, Jair Bolsonaro, lo que puso el caso Banco Master en el centro de la discusión.
Flávio respondió con preguntas sobre el hijo del mandatario, Fábio Luís Lula da Silva, conocido como 'Lulinha', mencionado en investigaciones sobre una supuesta trama de tráfico de influencias, y exigió explicaciones sobre la implicación de personas cercanas a la familia de Lula en el escándalo de los descuentos indebidos del INSS.
El jefe de Estado aseguró que no protege a su hijo como, según su versión, Jair Bolsonaro habría protegido a Flávio de las investigaciones cuando era presidente.
Cada candidato atacó el punto más sensible de su adversario. Fernandes señala que quien votó por la derecha en la primera vuelta "no va a votar por el candidato de izquierda" en la segunda, y viceversa. Para un votante con esa convicción, ver a su candidato exigir explicaciones sobre el escándalo del otro tiende a confirmar su elección, no a cuestionarla, añadió.
Así, el experto describe la polarización como algo "malo para la democracia", pero que "exacerba los ánimos" y lleva a mucha gente a participar "impulsada por el deseo de oponerse al otro", y no para apoyar propuestas.
El votante que se quedó en casa
En la primera vuelta, más de 33 millones de brasileños se abstuvieron de participar, algo más del 21 %, frente a cerca del 20,5 % en 2022.
Fernandes relativiza la cifra y considera que responde a "un patrón de la abstención brasileña", señalando que este grupo no es homogéneo. Entre las personas mayores pesan la salud y la movilidad; entre los jóvenes de 18 a 29 años, el desinterés. Asimismo, sostiene que la polarización puede alejar a quienes no se sienten representados por ninguno de los dos y también movilizar a otros por antagonismo.
A este electorado se dirigieron algunos de los temas más amplios del debate. Lula desafió a su rival a levantar el secreto bancario y telefónico, incluido el de sus familiares.
Cuestionó entonces la cercanía de la familia Bolsonaro con el Gobierno estadounidense y expresó su preocupación por el control de minerales estratégicos, como las tierras raras.
En materia de seguridad pública, Bolsonaro defendió el uso de las Fuerzas Armadas para vigilar fronteras, puertos y aeropuertos y criticó los permisos de salida de los presos en régimen semiabierto, citando casos de asesinatos supuestamente relacionados con ellos.
Lula, por su parte, respondió hablando de la inflación de los alimentos y afirmó que mientras en el Gobierno de Jair Bolsonaro la cifra acumuló un 56,17 %, durante su mandato solo el 13 %.
Pese a la expectativa de que estos asuntos pudieran influir en los votantes que dudan, Fernandes advierte que "no es plausible que todos los indecisos se inclinen en una misma dirección", argumentando que hay quienes esperan información, quienes rechazan a ambos y quienes votan solo por obligación.
Quién puede realmente cambiar el resultado
Según el profesor, lo que decide la segunda vuelta es el cambio de bando entre los votantes, y en este aspecto comenta que el escenario actual favorece a Flávio.
Los cerca de nueve millones de votos que recibieron otros candidatos tienden, en su mayoría, hacia la derecha, y el senador recibió el apoyo de prácticamente todos sus adversarios derrotados y de partidos que no se habían posicionado.
Sin embargo, Fernandes sostiene que el cambio es posible incluso a corto plazo, recordando que en 2006, el entonces candidato y actual vicepresidente Geraldo Alckmin obtuvo menos votos en términos absolutos en la segunda vuelta que en la primera. Precisamente, frente a Lula.
Pero, para que eso ocurriera ahora, haría falta un hecho nuevo o una comunicación capaz de justificar el cambio de bando.
Además de todos estos factores, el analista indica que la segunda vuelta suele registrar una mayor abstención, porque una parte de los electores cuyo candidato fue derrotado deja de participar. En las ciudades alejadas de los grandes centros, los ayuntamientos que ofrecían transporte en la primera vuelta pueden suspender el servicio, lo que reduce la participación.
Lula y Bolsonaro volverán a enfrentarse en un debate televisivo el viernes 23 de octubre, apenas dos días antes de la segunda vuelta electoral, en la que los brasileños elegirán al próximo jefe de Estado.