Alrededor de 1.000 soldados de El Salvador fueron enviados a Haití en los últimos días, después de que cuatro salvadoreños que formaban parte de una fuerza respaldada por la ONU en el país caribeño desaparecieran, informó este martes Reuters citando a un funcionario de seguridad haitiano.
La movilización se produjo en medio de las tensiones generadas por la desaparición de esas cuatro personas, cuyo paradero se desconoce desde el 18 de octubre, cuando saltaron de un vehículo en llamas durante una emboscada de pandillas en las afueras de Puerto Príncipe, la capital haitiana. Por el momento, no está claro quién está al mando del nuevo contingente salvadoreño ni cuánto tiempo permanecerá en Haití.
El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, anunció una operación militar para localizarlos y afirmó que creía que estaban retenidos como rehenes por grupos criminales. Según Bukele, los desaparecidos eran técnicos de la Fuerza Aérea salvadoreña que regresaban a su base desde un mercado cuando se produjo el incidente.
La crisis de seguridad
La operación anunciada por el mandatario y el posterior despliegue de tropas han intensificado las tensiones en Haití, donde las autoridades enfrentan dificultades para contener la expansión de los grupos armados.
El envío de soldados salvadoreños coincide con el fortalecimiento de la Fuerza de Represión de Pandillas, respaldada por la ONU, que alcanzó unos 2.000 efectivos. Sin embargo, esa cifra representa poco más de un tercio de la dotación prevista, cuando ha transcurrido un año desde el inicio de su mandato, y la situación de seguridad muestra escasas mejoras.
Las bandas armadas han ampliado su influencia sobre Puerto Príncipe y las regiones circundantes mediante extorsiones y ataques violentos. La crisis ha provocado el desplazamiento de casi 1,5 millones de personas, mientras el Gobierno haitiano, que lleva años sin líderes electos, continúa buscando apoyo extranjero para combatir a las organizaciones criminales.
Las autoridades haitianas vienen solicitando asistencia internacional en materia de seguridad desde 2022, pese al conflictivo historial de las intervenciones extranjeras en el país. La influencia de las pandillas aumentó rápidamente tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021, lo que agravó la crisis de inseguridad y llevó a las autoridades a posponer repetidamente las elecciones.