El comisario europeo de Energía y Vivienda, Dan Jorgensen, llamó la atención sobre la compleja situación que se vive en el bloque comunitario: para una parte importante de los europeos pagar la calefacción ya es un problema y advirtió de que el próximo invierno será duro.
En una entrevista con el medio húngaro 444 publicada el pasado sábado, explicó que Europa es vulnerable por su dependencia de las importaciones de energía y que la incertidumbre en el mercado podría seguir sin resolverse una vez llegue el frío.
"En un invierno promedio casi 50 millones de europeos tienen dificultades para pagar sus facturas de calefacción. Si alguien no puede hacerlo, se ve obligado a elegir entre no comer o pasar frío", señaló
"No sabemos cuánto frío hará, pero sabemos que necesitamos más combustible. Y la escasez en el mercado mundial conduce al aumento de los precios", explicó.
Días antes, Jorgensen ya había pronosticado de que se avecina un invierno "muy difícil" para muchos ciudadanos y empresas. Jorgensen admitió la posibilidad de que, a diferencia de la norma histórica, la próxima generación de europeos podría vivir peor que sus padres.
Ahora Europa sufre un nuevo repunte de los precios. El gas natural superó los 97 euros por megavatio-hora por primera vez desde 2022. Los precios son más del doble de los que se registraban antes de la guerra contra Irán y el posterior bloqueo del estrecho de Ormuz. La crisis ya le ha costado a la UE 106.000 millones de euros desde el inicio de la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán, afirmó el 16 de octubre la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
Barato, pero prohibido
En la entrevista, Jorgensen también respondió al primer ministro húngaro, Péter Magyar, quien en mayo sostuvo que tras el fin del conflicto ucraniano toda la UE volvería a comprar gas ruso, por ser más barato. El comisario comentó que la prohibición de las importaciones de energía rusa, que entrará en vigor en 2027, se mantendrá incluso en caso de paz.
En enero, el Consejo de la UE aprobó la eliminación progresiva del gas ruso a partir de 2027. Con la ruptura de Bruselas con los hidrocarburos rusos y la voladura de los gasoductos Nord Stream, la proporción del gas ruso en las importaciones europeas cayó del 45% al 12%.


