El Gobierno de Japón planea convertir la producción de armamento en uno de los principales motores del desarrollo económico del país, informó este sábado la agencia NHK.
Las autoridades tienen previsto revisar tres documentos relacionados con la seguridad antes de que termine este año, partiendo de la idea de que la capacidad económica y tecnológica están directamente relacionadas con la capacidad de defensa.
En concreto, se elaborará una nueva estrategia para la base industrial de defensa, mientras los ministerios de Defensa y de Economía crearán una nueva entidad encargada de reforzar la capacidad de producción de material de defensa y de impulsar su transferencia. Se está estudiando que este organismo se encargue de impulsar la investigación y el desarrollo, apoyar la introducción de equipamiento y realizar inversiones en empresas emergentes.
De este modo, el Gobierno nipón pretende fomentar la colaboración entre las empresas que tradicionalmente se han dedicado a la fabricación de armas y aquellas relacionadas con la inteligencia artificial, los drones y la industria espacial, así como con pequeños y medianos fabricantes, universidades e instituciones financieras.
'El Japón militarista' no es un cliché propagandista, sino una nueva realidad
Rearme acelerado
Japón ya ha avanzado de forma sostenida en capacidades ofensivas: inició pruebas de misiles de crucero Tomahawk desde destructores, desarrolla misiles hipersónicos lanzables desde submarinos y superficie, considera incorporar submarinos nucleares en la revisión de su política de defensa y moderniza su flota con nuevos buques de gran desplazamiento y equipados con celdas verticales, además de participar en programas de cazas de sexta generación.
Según los medios, el Gobierno japonés también estudia un nuevo aumento de impuestos a las empresas como posible vía para financiar un mayor gasto en defensa, que podría elevarse entre 443.000 y 506.000 millones de dólares.
A su vez, China y Rusia se pronunciaron sobre la militarización creciente del país. Pekín criticó al Gobierno japonés por evitar una reflexión sincera sobre las lecciones de la Segunda Guerra Mundial y por difuminar su responsabilidad histórica, y subrayó que las acciones de Tokio "han alarmado aún más a los vecinos asiáticos y a la comunidad internacional respecto a lo que realmente está haciendo Japón". Moscú, por su parte, instó a Tokio a abandonar los intentos de "retocar las páginas inhumanas de su propia historia", al haber sido "uno de los principales agresores de la Segunda Guerra Mundial".