Aunque los demócratas arrasaron en las elecciones de mitad mandato en EE.UU., uno de los derrotados no fue únicamente el Partido Republicano, sino la visión de futuro promovida por Silicon Valley.
Los votantes rechazaron los centros de datos, penalizaron a los candidatos que abogaban por su construcción y demostraron que el dinero de los multimillonarios tecnológicos ya no garantiza victorias.
Un voto contra los centros de datos
"La importancia de estas elecciones de mitad de mandato se parece más a un referéndum sobre la IA que a un referéndum sobre [el presidente de EE.UU., Donald] Trump", expresó Aidan Yao, estratega sénior de inversión en el Amundi Investment Institute, citado por Reuters.
En esa línea, Bloomberg informa que el escrutinio a los proyectos de centros de datos y el rechazo al dinero tecnológico se mantenían como temas recurrentes de la jornada electoral. Asimismo, Washington Examiner reporta que de las 41 medidas locales sometidas a votación en 10 estados, 28 buscaban limitar el desarrollo de centros de datos y 27 fueron aprobadas, mientras que las 13 orientadas a facilitarlo fueron rechazadas en su totalidad.
A su vez, un sondeo a pie de urna de NBC News mostró que el 76 % de los consultados se opuso a la construcción de un nuevo centro de datos en su comunidad, frente al 24 % que se manifestó a favor.
Ese clima también se reflejó en las contiendas estatales. De acuerdo con Reuters, en Texas y Georgia resultaron vencedores candidatos demócratas que hicieron campaña en parte a favor de una moratoria al desarrollo de centros de datos, en elecciones que devolvieron al partido cargos que no controlaba desde hacía décadas.
La agencia señala además que el rechazo a estos proyectos terminó extendiéndose incluso entre sectores republicanos, donde también ganaron espacio las críticas por el aumento de las facturas de servicios públicos, el elevado consumo de agua y electricidad, la contaminación lumínica y la escasa creación de empleo e ingresos fiscales frente a los incentivos otorgados por los estados.
La marca negra del dinero tecnológico
El problema para Silicon Valley no fue solo que su dinero dejara de garantizar victorias, sino que en varios casos pasó a funcionar como una carga política. Como ejemplo, el multimillonario Elon Musk, residente en Texas, destinó alrededor de 224 millones de dólares a apoyar a candidatos republicanos solo en ese estado, pero terminó viendo cómo sus candidatos a gobernador y senador perdieron, recuerda Politico.
El portal detalla que el mismo patrón se repitió con otros nombres clave del ecosistema tecnológico: los capitalistas de riesgo Marc Andreessen y Ben Horowitz aportaron en conjunto 116 millones de dólares, principalmente a campañas republicanas, mientras que el presidente de OpenAI, Greg Brockman, y su esposa, Anna Brockman, dirigieron otros 50 millones.
Esa pérdida de eficacia quedó resumida por el exlegislador de Nueva York, Alex Bores: "Aliarse con las peores partes de la industria de la IA es simplemente criptonita para una campaña, y los resultados de esta noche lo confirman aún más".
Una conclusión parecida ha formulado el consultor político ruso Gleb Kuznetsov, aunque en términos más amplios. A su juicio, el problema no fue solo que el dinero tecnológico dejara de inclinar elecciones, sino que empezó a marcar negativamente a quienes lo recibían. "El dinero se convirtió en una marca", asegura. Según su análisis, esa toxicidad llegó al punto de alterar la conducta de los propios grupos financiados por la industria, que hacia el otoño "literalmente tiraron la toalla y casi dejaron de gastar en contiendas competitivas, dando apenas unas monedas solo a quienes seguro iban a pasar".
El experto añade que, al mismo tiempo, decenas de millones de dólares fueron canalizados a través de "nuevas empresas pantalla", de modo que no quedaran tan expuestos los contratistas ni el origen de los fondos.
"La situación es tal que hoy aceptar dinero de Silicon Valley para un lobista, un relacionista público o un político es lo mismo que aceptar dinero de los cárteles de la droga", afirmó.
Más allá de las cifras
Para Gleb Kuznetsov, el consultor político ruso, lo que ocurrió en estas elecciones no se explica solo por el rechazo a proyectos concretos, sino por un choque más profundo. "[Silicon] Valley está acostumbrado al usuario", escribió. Según su planteamiento, sus miembros saben trabajar con una lógica en la que el consentimiento puede comprarse con una tarifa gratis, un descuento o alguna compensación. Pero esta vez, añadió, a las urnas llegaron personas "con la lógica no del usuario, sino del dueño. Y al dueño se le consulta antes del trato, y su 'no' no tiene precio".
Desde esa perspectiva, la discusión sobre los centros de datos no se redujo al costo de la electricidad. También entraron en juego la tierra, el agua y el derecho de las comunidades a decidir antes de que los acuerdos estuvieran cerrados. Kuznetsov resume esa diferencia con otra idea: "La vieja fábrica contaminaba, pero daba trabajo a la ciudad. De un centro de datos, después de la construcción, quedan apenas unas decenas de puestos de trabajo, y el producto que fabrica está orientado a reemplazar el trabajo de aquellos sobre cuya tierra se levanta".
Por eso, considera que la promesa de "progreso" dejó de ser aceptada de forma automática. Ese "progreso", en su opinión, "se encontró con un usuario que no ve por ningún lado el botón de 'Acepto las condiciones', por más que se lo pongan delante", es decir, con votantes que ya no están dispuestos a dar su consentimiento sin discutir las cláusulas.
La factura política
Las consecuencias del resultado electoral se hicieron visibles de inmediato en los mercados. Reuters informa que, a medida que se confirmaba la victoria demócrata, las acciones de varias compañías vinculadas a los centros de datos y la infraestructura de IA retrocedieron con fuerza.
Paralelamente, Goldman Sachs estima que los cambios políticos en Texas, Míchigan y Georgia podrían poner bajo presión cerca del 45 % de la capacidad de centros de datos proyectada en Estados Unidos, en la medida en que abren la puerta a moratorias, reglas más duras para nuevas construcciones y un menor respaldo fiscal al sector. En la misma línea, el analista de Yorkville Ives, Dan Ives, advirtió en declaraciones recogidas por Bloomberg que las elecciones probablemente ralentizarán el ritmo de los entre 800 y 1.000 centros de datos previstos en el país.
Incluso Elon Musk dejó entrever ese cambio de clima con ironía tras las elecciones: "Los centros de datos en el espacio empiezan a parecer bastante atractivos en este momento". Frente a ese escenario, Bloomberg plantea que la salida no pasa por dejar de construir tales instalaciones, sino por hacerlo en mejores condiciones.
La dificultad de fondo sigue siendo estratégica. Politico recuerda que durante la campaña, los republicanos apelaron a la necesidad de expandir los centros de datos para no quedar rezagados frente a China en la carrera por la IA, pero ese argumento no logró imponerse sobre las objeciones locales. Los demócratas ganaron apoyándose en ese malestar, y ahora tendrán que decidir cómo restringir esa expansión sin conceder a Pekín la ventaja que sus rivales decían querer evitar. Dan Ives, destacado analista tecnológico, resumió ese riesgo: "La realidad es que por cada centro de datos que no se construye en Estados Unidos, China gana".