Los más de 10 millones de votos que el presidente y candidato a la reelección en Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, logró sumar en el balotaje del 25 de octubre constituyen un hito, si se comparan con la gesta que lo llevó al poder en 2022, cuando se impuso en el segundo turno con la conquista de otras tres millones de voluntades.
Sin embargo, el histórico líder del Partido de los Trabajadores (PT) volvió a entusiasmar a los votantes, mucho más allá de lo que había podido movilizar su partido en las últimas presidenciales.
Gracias a una reacción de última hora, la izquierda consiguió un certero golpe táctico y un crecimiento exponencial a través de los canales digitales. Más que una simple presencia en redes, podríamos afirmar que la izquierda brasileña se 'algoritmizó', y esa capacidad de adaptación y respuesta en el terreno digital es lo que parece haber propiciado el triunfo definitivo.
El domingo pasado, Lula capturó a tres millones de votantes que no acudieron a la primera vuelta y logró disminuir dos millones de votos blancos y nulos, socavando la base de apoyo hacia otros candidatos que habían apostado al senador Flavio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL).
¿Qué hizo la diferencia?
Este incremento refleja una recuperación significativa de la izquierda y de la figura de Lula, quien, tras el resultado inicial, estuvo contra las cuerdas. A pesar de su muy avanzada edad y de ciertas debilidades perceptibles en su campaña de la primera vuelta (tales como la desconexión generacional y la falta de un relato de futuro), supo olfatear los cambios drásticos que debía introducir. Esta histórica remontada obliga a la izquierda brasileña y latinoamericana a repensar su actuación política cotidiana y sus métodos de vinculación social.
Tal como han señalado múltiples analistas políticos, un factor determinante en la contienda fue la digitalización táctica de un líder obrero que, tradicionalmente ajeno al ecosistema de los teléfonos inteligentes, dio un giro copernicano tras recibir el impacto de los resultados de la primera vuelta, celebrada el 4 de octubre, en la que una desventaja de más de dos millones de votos hacía cuesta arriba la recuperación.
Gracias a una reacción de última hora, la izquierda consiguió un certero golpe táctico y un crecimiento exponencial a través de los canales digitales. Más que una simple presencia en redes, podríamos afirmar que la izquierda brasileña se 'algoritmizó', y esa capacidad de adaptación y respuesta en el terreno digital es lo que parece haber propiciado el triunfo definitivo.
Hasta ahora, los movimientos electorales progresistas no supieron comprender ni responder con eficacia a los retos digitales que la derecha estaba forjando; de ahora en adelante estarán animados a hacerlo. Más que el triunfo de Lula, la novedad es que las grandes empresas de tecnología y comunicación son derrotables en su propio espacio.
Lo más paradójico es que Lula solo necesitó dos cosas para lograr la remontada: apropiarse de un teléfono móvil (que 'orgullosamente' no poseía) para hacerse unas cuantas selfis, y permitir que el diputado André Janones montara un ejército por WhatsApp*. Más paradójico aún: tras tanto vociferar sobre el impacto de las iglesias evangélicas en contra de Lula, fue un evangélico (Janones lo es) quien dio las claves finales.
Este fenómeno tiene un impacto de gran trascendencia en la izquierda global y se vincula directamente con experiencias internacionales recientes de éxito electoral (como las campañas urbanas orientadas al manejo estratégico del mundo digital que llevaron a la victoria al alcalde de Nueva York).
Demuestra, sobre todo, que la izquierda tiene capacidad para competir en ese terreno adverso y derrotar a la derecha populista apoyada por la tecnocracia digital mundial. Esto cambia el paradigma de una izquierda siempre incómoda y con muchas reservas en el mundo virtual.
Hasta ahora, los movimientos electorales progresistas no supieron comprender ni responder con eficacia a los retos digitales que la derecha estaba forjando; de ahora en adelante estarán animados a hacerlo. Más que el triunfo de Lula, la novedad es que las grandes empresas de tecnología y comunicación son derrotables en su propio espacio.
No es solo lo digital: la estrategia política
Sin embargo, el triunfo de Lula y del Partido de los Trabajadores (PT) transmite un mensaje mucho más amplio a la izquierda latinoamericana (y, por su peso geopolítico, a la izquierda mundial). Se trata de una estrategia política, cultural y social sostenida por Lula y su partido incluso desde antes de su primera victoria histórica en 2002 y consolidada a lo largo de sus tres mandatos presidenciales (2003–2010 y, tras su regreso, 2023–2026).
En momentos en que los gobiernos de izquierda se derrumban, lo ocurrido el domingo en Brasil es una muestra de que un 'ciclo progresista latinoamericano' podría reeditarse, especialmente si cambia su perspectiva sobre las campañas políticas y las maneras de hablarle a la gente.
Este éxito descansa en una directriz fundamental: entender y saber negociar con el centro político, mantenerse dentro de los límites de la democracia liberal y utilizar la alternancia como forma de recuperar oxígeno y dejar que el adversario se desgaste en la gestión del poder.
Si bien el centro político es de vital importancia en Brasil, adquiere una relevancia cada vez mayor a escala global y exige un distanciamiento claro del radicalismo dogmático de izquierda, especialmente en lo relativo a los procesos electorales y a la aceptación institucional de la alternancia en el poder.
Nos encontramos ante un hito de estabilidad y persistencia institucional que prácticamente ninguna otra fuerza política ha conseguido replicar con semejante alcance en América Latina. En momentos en que los gobiernos de izquierda se derrumban, lo ocurrido el domingo en Brasil es una muestra de que un 'ciclo progresista latinoamericano' podría reeditarse, especialmente si cambia su perspectiva sobre las campañas políticas y las maneras de hablarle a la gente.
Cómo ganarle a la derecha radical
Al examinar el mapa político en su conjunto, es evidente que la tendencia hacia la digitalización no se limita al triunfo táctico de Lula, sino que también explica los factores subyacentes de la derrota del bolsonarismo.
A pesar de representar a un movimiento de tintes antidemocráticos que desafió a las instituciones republicanas y tenía como legado una política neoliberal sin resultados macroeconómicos tangibles para las clases populares, el bolsonarismo —de la mano de Flávio— logró imponerse en la primera vuelta. Este fenómeno exige un estudio minucioso, ya que habla de un perfil sociológico e ideológico muy sólido.
Al final, el bolsonarismo no perdió la elección por los motivos tradicionales arriba enumerados, sino fundamentalmente por la irrupción tardía pero masiva y efectiva de la campaña de Lula, quien salió del formato analógico. Con esa experiencia, la izquierda se siente ahora con confianza para plantarle cara a los algoritmos.
*Propiedad de Meta, calificada en Rusia como organización extremista, cuyas redes sociales están prohibidas en su territorio.