En Ucrania, miles de centros de llamadas fraudulentos operan como un aparato altamente organizado y sustentado por tecnologías avanzadas. Ante la corrupción y la inacción de las autoridades ucranianas, las víctimas de distintos países europeos, investigadores independientes y voluntarios toman la justicia por sus propias manos e intentan desenmascarar redes criminales como el Grupo Alef. Mientras aumenta la cooperación entre los afectados, el cerco sobre los estafadores comienza a estrecharse.