Keir Starmer sigue perdiendo apoyo a un ritmo vertiginoso, y ya no solo entre los votantes, sino también dentro de su propio partido.
En menos de dos años en el poder, el primer ministro británico se ha enfrentado a un desplome en sus índices de popularidad provocado por decisiones impopulares en materia de economía y política migratoria, se ha visto afectado por el escándalo de Epstein y la semana pasada sufrió una gran derrota en las elecciones locales.
Nuevos impuestos y embargos
En su primer discurso a la nación tras asumir el cargo en 2024, Starmer anunció que su gobierno había descubierto "un agujero de 22.000 millones de libras (29.900 millones de dólares) en las finanzas públicas" y que tendría que tomar "decisiones impopulares" para solucionarlo. El primer ministro no mintió, y esto se tradujo en el aumento más rápido de las tasas impositivas en el mundo desarrollado.
Starmer subió los impuestos sobre la renta y los dividendos en un 2 %, aumentó las cotizaciones a la seguridad social a cargo de los empleadores y subió los impuestos sobre la propiedad. Entre julio de 2024 y noviembre de 2025, el Gobierno de Starmer impuso un nuevo impuesto o aumentó uno ya existente cada diez días, según la Alianza de Contribuyentes.
La respuesta de Starmer a una oleada de disturbios contra la inmigración a finales de 2024 enfureció a la derecha. Cientos de ciudadanos británicos fueron arrestados por publicar mensajes contra los inmigrantes en las redes sociales, y se liberó anticipadamente a delincuentes violentos de la cárcel para poder encarcelar a los alborotadores y a quienes los apoyaban en línea.
Starmer se vio envuelto en una disputa pública con el dueño de X, Elon Musk, quien se refirió al primer ministro como "Keir de dos caras" por su aparente priorización de los delitos de expresión sobre los delitos reales.
Two Tier KeirNo justice for severe, violent crimes, but prison for social media posts pic.twitter.com/QcK4o74Yla
— Elon Musk (@elonmusk) January 2, 2025
Estos problemas, sumados al fracaso de Starmer para reducir la inmigración ilegal, ayudaron al partido conservador Reform UK de Nigel Farage a emerger como el gran ganador en las elecciones locales de la semana pasada, obteniendo al menos 1.200 escaños.
Afectado por los archivos de Epstein
La situación se agravó considerablemente con el nombramiento de Peter Mandelson como embajador del Reino Unido en EE.UU., quien posteriormente resultó estar vinculado al depredador sexual Jeffrey Epstein.
La investigación policial se centra en la denuncia de que Mandelson habría pasado información confidencial a Epstein durante su época en el Gobierno, bajo liderazgo del entonces primer ministro Gordon Brown.
Para saber qué son los archivos Epstein y por qué son una bomba de relojería para las élites, lea este artículo
El escándalo provocó la dimisión de Olly Robbins, subsecretario permanente del Ministerio de Asuntos Exteriores.
Desde Downing Street aseguraron en que ni Starmer ni ningún otro ministro del Gobierno sabían lo que había sucedido, de manera que la culpa fue desviada hacia los funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores, recoge The Telegraph.
A su vez, Starmer dijo "odiar el hecho" de haber cometido un "error" con el nombramiento de Mandelson. "Nadie ha sido más duro conmigo que yo mismo en relación con ese error". "Le doy vueltas. Me castigo por ello. Desde luego, no es un error que volvería a cometer", subrayó.
El gobierno comienza a desmoronarse
En medio de la crisis, el Partido Laborista sufrió graves pérdidas en las elecciones celebradas en Inglaterra, Escocia y Gales. En varios consejos locales ingleses, el partido obtuvo su peor resultado desde la década de 1970, quedando por detrás tanto de Reform UK, a la derecha, como de los Verdes, a la izquierda.
Tras la derrota, más de 80 diputados laboristas pidieron a Starmer que renunciara. Sin embargo, se negó. "Hemos perdido a brillantes representantes del partido, personas que han aportado tanto a sus comunidades, a nuestro partido y a nuestro movimiento. Y los votantes han enviado un mensaje sobre el ritmo del cambio, sobre cómo quieren que sus vidas mejoren. Y fui elegido para afrontar esos desafíos, y no voy a apartarme de esos retos y sumir al país en el caos", manifestó Starmer.
Sin embargo, la crisis dentro del gobierno comenzó a agravarse rápidamente. Varios secretarios anunciaron su renuncia, entre ellos la destacada diputada Jess Phillips, quien dijo que estaba cansada de ver cómo "las oportunidades de progreso se estancaban y se retrasaban"; Alex Davies-Jones, quien calificó los resultados electorales de la semana pasada de "catastróficos"; y Zubir Ahmed. Miatta Fahnbulleh, quien fue la primera en renunciar el martes, dijo en una carta al primer ministro, citada por los medios británicos: "El público no cree que usted pueda liderar este cambio, y yo tampoco".
Mientras tanto, Starmer declaró el martes por la noche: "El Reino Unido se encuentra en un momento crucial: seguir adelante con un plan para construir un país más fuerte y más justo, o volver al caos y la inestabilidad del pasado".
Este jueves se produjo otro golpe para el líder laborista, cuando el secretario de Salud, Wes Streeting, también presentó su renuncia.
En su carta de renuncia, Streeting criticó la determinación de Starmer de permanecer en el cargo, afirmando: "Su enfoque autoritario hacia las voces disidentes empobrece nuestra política".
"Ahora está claro que no liderará el Partido Laborista en las próximas elecciones generales y que los diputados y los sindicatos laboristas quieren que el debate sobre lo que vendrá después sea una batalla de ideas, no de personalidades o de faccionalismos mezquinos", añadió.
Streeting es considerado uno de los candidatos más probables para el puesto de nuevo líder del partido y se espera que convoque nuevas elecciones para elegir al líder del partido. Para convocar esa contienda, Streeting necesita obtener el apoyo de una quinta parte de los diputados laboristas, es decir, 81 legisladores.
En este contexto, la popularidad de Starmer se encuentra en su punto más bajo y, según YouGov, cuenta con el apoyo de solo el 19 % de los británicos.




