Si tuviéramos que investigar la historia de la manipulación informativa y buscar los vestigios de las primeras 'fake news', tendríamos que poner en marcha nuestra máquina del tiempo varios milenios atrás.
Deberíamos recordar, por ejemplo, cómo en el año 1274 a. C., después de la Batalla de Kadesh, fue el apogeo de la lucha entre el Imperio egipcio, de Ramsés II, y el Imperio hitita, de Muwatalli II, por el control de lo que hoy es Siria. El faraón Ramsés II mandó a grabar en los templos que había logrado una gran victoria. Aunque se sabe que, en realidad, la batalla terminó en empate, y que las partes tuvieron que firmar el primer tratado de paz conocido en la historia.
La versión de Ramsés II se difundió en su país como si hubiera sido un triunfo total. Un poco más tarde, ya en el siglo I a. C., durante su lucha por el poder en Roma, el emperador Octavio Augusto difundió rumores que decían que su rival, Marco Antonio, estaba totalmente controlado por Cleopatra y que traicionaba a Roma. Es un ejemplo de una clara manipulación política para desacreditar a su adversario, justificar la guerra y consolidar su poder.
Mucho más tarde, ya en la Edad Media, un falso documento conocido como 'Donación de Constantino' se difundió como una prueba superior e irrefutable, que decía que el emperador romano Constantino el Grande había cedido el control de Occidente al papa. Durante siglos se usó ese documento para justificar el poder político y territorial de la Iglesia y solo en la época del Renacimiento se demostró que era completamente falso. Este montaje sirvió para afianzar el poder del papado, influyendo definitivamente en la política medieval europea y en la relación Iglesia–Estado.
Hablamos solo de tres casos muy evidentes y conocidos de los tiempos sin redes sociales, sin Internet, sin prensa, sin televisión y sin electricidad. Los que construían la historia desde sus intereses del poder económico, político y religioso, que siempre han sido tres facetas de lo mismo, nunca en la historia buscaron informar sino confundir y manipular.
Cuando yo era muy joven, junto con mi generación, mirábamos las impactantes imágenes de 'Jurassic Park', y pensé en cómo la veracidad de los dinosaurios de la película superaba las borrosas fotos en blanco y negro del famoso monstruo del lago Ness, las que solo un par de décadas antes se presentaban a la comunidad científica mundial como las "pruebas indiscutibles" de su existencia. Era apenas 1993. En los años posteriores se produjo mucha basura cinematográfica que técnicamente se ha ido haciendo cada vez más impecable, haciendo de cualquier delirio, realidades más reales que las que se ven detrás de la ventana.
Los dinosaurios y monstruos extraterrestres se mezclaban con culturas de diferentes tiempos y lugares, caricaturizando y despreciando la espiritualidad humana con toda la ingenua ignorancia de la mejor tradición hollywoodense. Este es el nuevo y el más entretenido retrato sobre las verdades de este mundo, diseñado por el sistema, para generaciones enteras, que ignoran las bases de la historia, cultura, biología y geografía. Obviamente, lo mismo también sucede en la política.
Frente a nuestros ojos se produjo un cambio cualitativo en la propia lógica de la manipulación y de las noticias falsas en las guerras que se multiplican.
Si antes, hace solo unas décadas, se manipulaban los textos y las declaraciones de los personajes, y había que buscar fuentes y contextos para desmentirlas, hoy ni siquiera la imagen de alguna persona, con cualquier discurso, prueba absolutamente nada.
"Lo vi con mis propios ojos" o "lo oí con mis propios oídos". Con el desarrollo actual de las redes neuronales para el público que vio dinosaurios con extraterrestres y se informa de la realidad con Wikipedia, eso ya no significa nada.
Las redes neuronales cambian la edad de las personas, resucitan a los muertos, hacen innecesarios en el cine actual a los actores vivos y, en política, a los protagonistas reales.
Así que toda la polémica actual sobre la "realidad" o la "falsedad" de las imágenes de Benjamín Netanyahu, con las descripciones anatómicas del número de sus dedos o de su cicatriz, es solo una pequeña parte de este proceso, en el que los medios de comunicación mundiales ya lograron que la realidad sea prácticamente indemostrable.
En estos últimos años ha habido muchos escándalos con grandes falsificaciones y sus consiguientes revelaciones, obviamente "gracias a la presión de la comunidad internacional" y "de la prensa honesta". Pero, al final, la mayoría de los consumidores pasivos de noticias siempre descontextualizadas, seguirán creyendo en "las armas químicas de Sadam", en "el genocidio ruso en Bucha" o "en las cuentas multimillonarias de Fidel Castro".
Es curioso que cuentan que, incluso en los años 60 y 70 del siglo pasado, cuando en EE.UU. existía un masivo movimiento ciudadano contra la guerra en Vietnam, solo una pequeña parte de los manifestantes pacifistas, sabían de la provocación estadounidense en el golfo de Tonkín en agosto de 1964, la que se usó como la excusa inicial para invadir la península de Indochina. Y en estos días, la enorme mayoría de norteamericanos ni siquiera saben dónde queda el llamado 'golfo de Tonkín'.
Por eso ahora, para atacar a Irán, ni siquiera se molestaron en buscar excusas convincentes.
La manipulación deja de ser necesaria, ya que cada vez queda menos conocimiento sólido para poder manipularlo. Por eso, los medios de comunicación que hace un tiempo mutaron en blogs y redes sociales, ahora se reducen a un puñado de memes más esenciales que la misma pintura rupestre.
Por eso, los discursos políticos del sistema prehistórico en extinción, nos llena de delirio tecnócrata primitivo, con la pretensión de cambiarlo todo, sin saber nada. Se construyen espejismos, como siempre pasa en todo tipo de desiertos. El tiempo de los dinosaurios impone al mundo su paisaje.


